El cromosoma Y del ser humano no ha perdido ningún gen desde hace 25 millones de años.

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El hombre de Vitruvio. Obra de Leonardo da Vinci que representa un estudio de las proporciones de la figura masculina.

Por Rubén Fernández.

Hace algún tiempo leí en PLoS Genetics una noticia algo alarmante para mi ego masculino, algo asi como que: ¿Qué hace que un hombre sea un hombre? Desde el punto de vista genético, y dejando de lado el aspecto social de la cuestión, la respuesta es muy simple: el cromosoma Y. Pero un estudio publicado en la revista PLoS Genetics insinúa que se está produciendo una pérdida dramática de los genes de este cromosoma, y que eventualmente podría desaparecer por completo. No hay mucho acuerdo sobre los plazos implicados en el proceso, pero está sucediendo. ¿Esto significa que los hombres estamos en vías de extinción?

Acorde a esta publicación; científicos de la Universidad Penn State habrían descubierto que el cromosoma Y ha evolucionado mucho más rápido que su compañero, el cromosoma X, presente tanto en los hombres como en las mujeres. Lejos de ser una ventaja, esta rápida evolución ha dado lugar a que Y pierda genes a una velocidad que, si se mantiene, podría terminar con la desaparición completa de todo el cromosoma. El trabajo de investigación incluye a la profesora titular de biología Kateryna Makova y la investigadora Melissa Wilson, que publicaron sus resultados en la edición de PLoS Genetics. Desastre total para nuestra genética masculina.

Pero hay buenas noticias para tipos como yo que nos aferramos a nuestra masculinidad y a nuestro cromosoma Y. El análisis en humanos de los genes del cromosoma Y demuestra que, en contra de lo que se pensaba, no está en proceso de desaparición. Un estudio publicado en la revista Nature reconstruye la evolución que ha sufrido durante los últimos 25 millones de años la región específica del cromosoma Y que codifica la información para el sexo masculino (MSY, por sus siglas en inglés).

Esta región tan concreta contiene tan solo el 3% del material genético del cromosoma ancestral debido a una gran pérdida de genes. Con tal de explorar esta merma y los patrones de conservación genéticos, la investigadora Jennifer Hughes y su equipo del Instituto de Investigación Biomédica Whitehead, en Cambridge (EE UU), han comparado el cromosoma Y de humanos y chimpancés con el de un mono del viejo mundo: el macaco rhesus (Macaca mulata).

Los linajes del ser humano y del chimpancé se separaron hace 6 millones de años, mientras que los monos del viejo mundo, o cercopitécidos, lo hicieron hace 25 millones de años.

Los autores del estudio afirman que “las regiones ancestrales del MSY humano se han mantenido estables durante los últimos 25 millones de años y no han perdido genes desde entonces”.

Evolución del cromosoma Y

A diferencia de los otros 22 cromosomas del genoma humano, el Y casi no intercambia material genético con su homólogo (el X) durante la división celular. Se sabe que este fenómeno provoca degeneración y pérdida de genes en estas zonas estables, por lo que algunas teorías apuntan a la progresiva desaparición del cromosoma Y.

Concretamente, cinco zonas distintas o estratos del cromosoma Y han dejado de intercambiar su material genético a lo largo de la evolución. La más antigua dejó de hacerlo hace 240 millones de años y la última hace tan solo 30 millones.

Este estudio demuestra que tras un reordenamiento de este tipo hay una rápida pérdida de genes muy importante por deriva genética, que después se estabiliza. La mayor parte de genes del MSY humano se mantienen estables desde la última estratificación, puesto que los compartimos con el macaco rhesus.

En el chimpancé, en cambio, los estratos más ancestrales sí han cambiado, en especial el material genético relacionado con la generación de esperma. Los autores especulan que “esto puede ser debido a la conducta promiscua de estos primates y a la gran presión selectiva sexual que hay en su sociedad”.

Yo en lo personal, estoy dispuesto a sacrificar un gen del cromosoma Y, el gen responsable de tener pelos en mis orejas.

Referencia bibliográfica:

Hughes J. F.; Skaletsky H.; Brown L. G.; Pyntikova T.; Graves T.; Fulton R.S.; Dugan S.; Ding Y.; Buhay C. J.; Kremitzki C.; Wang Q.; Shen H.; Holder M.; Villasana D.; Nazareth L. V.; Cree A.; Courtney L.; Veizer J.; Kotkiewicz H.; Cho T.; Koutseva N.; Rozen S.; Muzny D.M.; Warren W.C.; Gibbs R. A.; Wilson R. K.; Page D. C. “Strict evolutionary conservation followed rapid gene loss on human and rhesus Y chromosomes”. Nature 7386 [482], febrero de 2012. DOI:10.1038/nature10843

Fuente: Diversas

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