La longitud de los telómeros se asocia con el pronóstico del síndrome coronario agudo.

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Investigadores de la Universidad de Salamanca han analizado por primera vez la influencia de la longitud de los telómeros en el pronóstico de pacientes ingresados con síndrome coronario agudo (SCA). El estudio, presentado en el XVIII Congreso de Cardiología de Estudiantes (CARES), puede ser el primer paso para que en el futuro una longitud telomérica baja se considere un factor de riesgo cardiovascular como ya lo son el tabaco, la diabetes, la hipertensión y la dislipemia. Los telómeros son los extremos de los cromosomas, filamentos de ADN en forma de bastoncillos que participan en la división celular, y su función es proporcionar estabilidad genómica. Ahora, según un nuevo estudio, su longitud puede ayudar en el pronóstico de los pacientes con síndromes coronarios.

“No tenemos resultados definitivos pero sí parece que los pacientes que van peor en el seguimiento son aquellos que tienen los telómeros más cortos. Por tanto, el envejecimiento celular tendría que ver con el pronóstico de los pacientes con síndromes coronarios”, afirma Ángel Pérez, investigador del Hospital Universitario de Salamanca y autor del estudio junto a Pedro Pabón Osuna.

A pesar de que existen estudios en marcha que relacionan los telómeros con la enfermedad coronaria, este caso representa una novedad por centrarse en el pronóstico del síndrome.

El objetivo de los investigadores era analizar, en una población de varones ingresados por síndrome coronario agudo, la posible relación de la longitud telomérica con cada uno de los tipos de SCA que se han identificado. Se recogieron muestras de sangre periférica de un grupo de 135 varones entre 50 y 70 años ingresados por la enfermedad. Los participantes en el estudio representan un amplio abanico de casos, de manera que entre ellos hay fumadores, diabéticos e hipertensos y sus diagnósticos dentro de los diferentes tipos de síndrome coronario agudo eran variados.

Con el tabaco, los científicos encontraron resultados concluyentes, pero no así con el resto de factores. “Los fumadores tenían los telómeros más cortos y probablemente pueda deberse al efecto directo del tabaco, aunque puede haber otras causas que también influyan, por ejemplo, las genéticas. Una de las explicaciones sería que el estrés oxidativo que provoca el tabaco puede hacer que los telómeros se acorten”, afirma Pérez.

En este sentido, “no es que el infarto genere una división celular mayor que acorte más los telómeros o que estos se deterioren con más rapidez, sino que se trata de pacientes que ya tienen un envejecimiento celular mayor”, asegura el experto. Para comprobar este hecho, “habría que comparar los resultados con un grupo control”, es decir personas que no han sufrido un síndrome coronario agudo pero de las mismas características que los estudiados.

Hasta ahora los factores de riesgo cardiovascular principales son el tabaco, la diabetes, la hipertensión y la dislipemia, pero de continuar con el análisis se podría saber si una longitud baja de los telómeros también representa un riesgo. “Se abriría así el campo a otros factores y llevaría a entender la enfermedad coronaria de una forma muy diferente a como se entiende hasta ahora, a trabajar de otra manera”, avanza Pérez.

En cuanto a la esperanza de vida de los pacientes, Pérez explica el importante papel que desempeña la telomerasa, una enzima que permite el alargamiento de los telómeros y que, por lo tanto, es clave en esta línea de investigación. “Si en algún futuro se pudiese actuar sobre la telomerasa podríamos hablar de una mayor esperanza de vida”.

Alargar el reloj biológico

Los telómeros, como si de un reloj biológico se tratara, se acortan cada vez que la célula se divide, una reducción progresiva que conduce a la muerte de la misma. La telomerasa es una herramienta de las células encargada de mantenerlos intactos, lo que en la práctica se traduce en que la célula parezca siempre joven. “Si en pacientes con los telómeros más cortos pudiéramos actuar sobre esa enzima para que los alargue podríamos conseguir que no se dieran complicaciones y que el envejecimiento celular sea menor, pero por ahora no existe la tecnología suficiente para desarrollarlo. Hablar de esto es casi hablar de ciencia ficción, se trata de algo muy lejano”, cuenta Pérez.

Sin embargo, esto implicaría riesgos. Los telómeros funcionan como un “control de calidad” y manipularlos puede alargar la vida de una célula pero también convertirla en un peligro potencial para el organismo. Por eso, la mayoría de células adultas no fabrica telomerasa, mientras que las células cancerosas aprenden muy pronto a fabricarla. Según el investigador, “las células con cáncer son células casi inmortales. Siempre jugamos con ese riesgo”.

Tanto desde la Facultad de Medicina, con Clara Cieza y Rogelio González, como desde el área de cirugía del Hospital Universitario, con Pedro Pabón y Ángel Pérez, los científicos salmantinos trabajan desde hace años en esta línea de investigación, cuyos resultados más recientes se han presentado en el XVIII Congreso de Cardiología de Estudiantes (CARES), dedicado en esta edición a las enfermedades cardiovasculares en la vejez. En el trabajo presentado han participado además Cristina Cuadrado Tiemblo, Carmen Ramos Martín, Sara Blanco Madera y Esther Acosta Acosta, estudiantes de medicina de la Universidad de Salamanca.

Fuente: Servicio de Información y Noticias Científicas

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