Día: junio 21, 2012

Bush, Linux, Jesús y el anarquismo, los más conflictivos de la Wikipedia.

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La mayoría de páginas no generan divergencias entre los internautas.

Los editores de la Wikipedia se pelean por el contenido de un número reducido de entradas y sus guerras van por países. Mientras los franceses discuten sobre ciencia y filosofía, los españoles prefieren reñir por los equipos de fútbol. Un grupo de científicos húngaros ha analizado la dinámica colaborativa del proyecto. Mientras que las calabazas y Benjamin Franklin, uno de los padres fundadores de Estados Unidos, protagonizan artículos pacíficos en la enciclopedia virtual Wikipedia, otras entradas como ‘homosexualidad’, ‘George W. Bush’, ‘anarquismo’, ‘Jesús’ y ‘Linux’ son carnaza para los editores de este manual colaborativo.

“Además, hemos visto que los temas más controvertidos son diferentes por lenguas: mientras que en la Wikipedia francesa se discute sobre ciencia y filosofía, los españoles se pelean por las entradas referidas a los equipos de fútbol”, dice a SINC Taha Yasseri, investigador de la Universidad de Tecnología y Economía de Budapest (BME), en Hungría y primer autor del trabajo que ha analizado la dinámica participativa de la enciclopedia libre.

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Los ecosistemas acuáticos producirán más CO2 que los terrestres por el aumento de las temperaturas.

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A largo plazo, los ecosistemas acuáticos emitirán a la atmósfera mayor cantidad de CO2.

Según un estudio internacional, con participación española y que publica la revista Nature esta semana, el CO2 producido por los ecosistemas acuáticos será en ocasiones el doble del generado por los terrestres. Una compilación global de datos y una teoría matemática han permitido calcular el incremento de la respiración de estos entornos ante el cambio de temperaturas. La explicación de este fenómeno se encuentra en el flujo extra de carbono que llega a los ecosistemas acuáticos procedente de los terrestres, a través de la escorrentía tras las lluvias, lo que les permite quemar más carbono del que producen mediante la respiración.

“La respiración es un componente fundamental del ciclo del carbono y regula la concentración de CO2 en la atmósfera y, de este modo, el clima. Pero es sensible al aumento de la temperatura: cuanto más calor haga, mayor será el metabolismo, aumentará la respiración y la producción de CO2”, explica José María Montoya, uno de los autores del estudio e investigador en el Instituto de Ciencias del Mar (CSIC).

 

El cálculo de este aumento de las emisiones dióxido de carbono se ha realizado a través de un análisis de datos de tasas de respiración y una teoría matemática, creada en este trabajo, que combina los datos sobre la respiración de los organismos de diferentes ecosistemas con sus reacciones al aumento de las temperaturas.

Respiración ecosistémica

El trabajo, que se publica en Nature, permitió analizar los datos existentes sobre respiración ecosistémica (el conjunto de todas las respiraciones individuales de los organismos en un ecosistema) en diferentes tipos de hábitats, como bosques, suelos, ríos, lagos, estuarios y mares, y estimó qué ecosistemas respirarán más debido a un aumento de las temperaturas. Ese cálculo se realizó teniendo en cuenta la energía de activación, que mide la sensibilidad de la producción de CO2 ante un cambio de temperatura.

“A corto plazo, hablamos de días y semanas, todos los ecosistemas se comportan igual: el mismo aumento de temperatura provoca el mismo aumento de CO2. Lo sorprendente es lo que ocurre a largo plazo. Durante un año, por ejemplo, la energía de activación de la respiración en los ecosistemas acuáticos puede llegar a ser el doble que la observada en los terrestres, lo que significa que producirán hasta el doble de CO2 en algunos casos”, indica Montoya. 

Flujo de carbono

En los ecosistemas “cerrados”, que no cuentan con un aporte extra de carbono desde otro hábitat, los organismos no pueden respirar más carbono del que fijan de la atmósfera, producto de la fotosíntesis. Es el caso de los ecosistemas terrestres.

Por el contrario, los ecosistemas acuáticos reciben flujos de carbono fijado en los bosques y en los suelos, así como nutrientes lavados por las lluvias que van a parar a ríos, lagos, estuarios y el mar. Esto hace que no se vean limitados por la fotosíntesis y puedan quemar más de lo que producen.

“Esto lo observamos en prácticamente todos los sistemas acuáticos analizados, donde la energía de activación de la respiración es mayor que en los terrestres”, apunta el investigador. A largo plazo, los ecosistemas acuáticos emitirán a la atmósfera mayor cantidad de CO2, por lo que “es muy probable que aumenten aún más el efecto invernadero y el calentamiento climático asociado”, añade.

Las consecuencias a escala global requieren una modelización más detallada, pero el mecanismo y diferencias descubiertas en este trabajo son “un paso fundamental”, concluye el experto.

Referencia bibliográfica:

Gabriel Yvon‐Durocher, Jane M. Caffrey, Alessandro Cescatti, Matteo Dossena, Paul del Giorgio, Josep M. Gasol, José M. Montoya, Jukka Pumpanen, Peter A. Staehr, Mark Trimmer, Guy Woodward, Andrew P. Allen. “Reconciling the temperature dependence of respiration across timescales and ecosystem types”. Nature. DOI: 10.1038/nature11205

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Fuente: Diversas

Los humanos del Sáhara elaboraban productos lácteos hace 7.000 años.

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Otra prueba evidente del pastoreo prehistórico en el norte de África proviene de las pinturas rupestres y grabados del Sáhara. Imagen: Roberto Ceccacci. The Archaeological Mission in the Sahara, Sapienza University of Rome.

Los seres humanos procesaban grasas lácteas en objetos de cerámica hace 7.000 años. Esta es la conclusión a la que han llegado un equipo internacional de investigadores liderado por la Universidad de Bristol al analizar, a partir de una técnica de biomarcadores, los restos encontrados en vasijas prehistóricas. “Nuestra investigación confirma que los grupos humanos prehistóricos que vivían en el Sáhara libio elaboraron productos lácteos en, aproximadamente, la mitad de las vasijas que hemos analizado”, explica a SINC Richard P. Evershed, científico de la Universidad de Bristol (Reino Unido) y coautor del estudio que publica la revista Nature. Esto sugiere que la leche y sus derivados –mantequilla, queso y yogur, sin poder definir cuál– desempeñaron una parte importante de la dieta de los humanos hace 7.000 años.

“Los datos muestran que cocinaban los productos derivados de los rumiantes muertos (vacas, ovejas y cabras) en las ollas, y también han aparecido pequeñas cantidades de productos de origen animal no rumiante, procedentes probablemente de animales salvajes locales”, apunta el experto.
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