Día: junio 30, 2012

El peso exacto del alma.

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Platon

Desde hace miles de años la creencia en la existencia física de eso llamado “alma” respira y se agita acaloradamente, pese a que, como todo el mundo sabe, no puede ser vista, tocada, oída o siquiera degustada. Platón, que prefería siempre las cosas que venían en paquetes tripartitos, rezongaba diciendo que el alma era la idea eterna que estaba formada por tres partes (una mental, una emocional y otra espiritual) y que, al morir, cada una tomaba su camino y el alma espiritual regresaba a la “dimensión luminosa” de donde –a su entender– procedían todas las almas.

Aristóteles extendió la noción y se despachó diciendo que todos los seres vivos tienen en sí un principio vital o alma –mortal– que regula todas sus funciones vitales, y que muere junto a él (las plantas tienen un alma vegetativa; los animales, un alma sensitiva; y los seres humanos, un alma racional).

Y las firmas siguen: Hesíodo dice: “es un aliento que mantiene la vida del cuerpo inanimado y que lo abandona cuando el ser humano muere o está moribundo o desmayado); Hegel :“la manifestación sensorial inferior del espíritu en su nexo con la materia”).

De carne somos

Pero todo siempre fue mero discurso y ahí se quedaba. Nada de experimentación, medición ni observación. Hasta que recién en 1907 el médico estadounidense Duncan Mac Dougall (de Haverhill, Massachusetts) osó hacer lo que ni a Platón ni a Aristóteles se les había ocurrido: pesar –literalmente– un alma. Decididamente, lo primero que hizo fue comprar una “cama-balanza” que –según lo engatusó el vendedor– era sensible al peso de un pelo. Así, la armó y la arrinconó cerca de la ventana de su oficina.

Médico estadounidense Duncan Mac Dougall

Lo que le faltaba entonces eran candidatos que dejaran pesar su yo interior más íntimo. Nadie sabe cómo, pero para febrero de ese año había reclutado a seis moribundos (cuatro de tuberculosis, uno de diabetes y el sexto de causas no especificadas). Y así fue: los observó antes, durante y después del proceso de muerte y midió puntillosamente cada cambio de peso. El resultado parecía coincidir en cada caso: exactamente, 21,262142347500003 gramos era la diferencia entre el peso del cuerpo viviente y del cadáver. O dicho en otras palabras, que el alma no sólo existía, tenía masa, sobre ella también actuaba la gravedad y pesaba lo mismo que una moneda de cinco centavos, una barrita de chocolate, una feta de jamón o un colibrí.

Mac Dougall estaba tan entusiasmado con todo el asunto de jugar a la balanza que repitió el experimento con 15 perros que, luego de muertos, no registraron la sustracción de los famosos 21 gramos (para el médico todo cuadraba: sin dudas, ésta era la prueba por excelencia de que los únicos que gozaban de alma eran los seres humanos).

Como un reguero de pólvora, la noticia se filtró y apareció el 11 de marzo de 1907 en la página 5 del New York Times (bajo el título, “Soul Has Weight, Physician Thinks”) antes de que la revista American Medicine aceptara publicar el estudio de Mac Dougall en su número de abril de ese año (el trabajo se llamó “Hypothesis concerning soul substance together with experimental evidence of the existence of such substance”).

Lo curioso es que la “evidencia experimental” consistió en sólo 6 pacientes (una muestra demasiado pequeña), sin hablar del hecho de que Mac Dougall –que murió sin pena ni gloria en 1920– nunca precisó a qué se refería con “muerte” (si muerte cerebral, muerte celular, muerte legal, etc.) o si los famosos 21 gramos no se relacionaban, en verdad, con el sudor, el cese de la respiración, la coagulación de la sangre, el vaciamiento de los pulmones o, lisa y llanamente, que la cama-balanza andaba mal.

Después en el año 52 el científico Francis Crick y James Watson especularon que al fallecer ciertas estructuras cerebrales desaparecían al morir y el peso de estas oscilan entre los 21 g, se supone que esta zona que se pierde se le denominó conciencia -alma… ya que esta zona del cerebro es la que domina esas acciones de la conducta humana.



Fuente:
Tejiendo el mundo blog

El misterio de las pinturas rupestres más antiguas del mundo.

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Un gran disco rojo, siluetas de manos y figuras animales que decoran las paredes de diferentes cuevas del norte de España son las pinturas rupestres más antiguas jamás halladas. Esa es la conclusión de un estudio recién publicado en la revista Science que sugiere que los dibujos de las cuevas de El Castillo, Altamira y Tito Bustillo, todas ellas en el norte de la península ibérica, son los más antiguos de la Europa Paleolítica, ya que fueron dibujados por nuestros ancestros hace entre unos 30.000 y 40.000 años. El hallazgo plantea la duda de si este arte podría ser obra de los neandertales y no de nuestra especie, los homo sapiens, como se creía hasta ahora.

Para llegar a estas conclusiones, investigadores de cuatro nacionalidades analizaron las pinturas de once cuevas usando el método del uranio torio, que consiste en examinar el carbonato de calcio (calcita) de las cortezas que se habían formado en la superficie de los dibujos.

Bisonte recostado. Caverna de Altamira.

Hasta ahora se creía que -con una antigüedad de entre 20.000 y 25.000 años- las pinturas rupestres más antiguas estaban en cuevas de Francia y Portugal.

Caballos, manos y discos.

Según los científicos, el disco rojo situado en el conocido como Techo de las Manos de la cueva de El Castillo, en Puente Viesgo, tiene una antigüedad de 40.800 años. También se encontró la silueta de una mano de hace 37.300 años. En Tito Bustillo, en la ciudad asturiana de Ribadesella, señalaron que hay dos figuras antropomorfas de entre 29.600 y 35.500 años. Y en la cueva de Altamira, donde está la denominada “Capilla Sixtina” del Paleolítico, explican que el dibujo de un caballo rojo data de hace más de 22.000 años, mientras que un triángulo rojo tiene más de 35.600. Las fechas en las que, según el nuevo hallazgo, se dibujaron estas pinturas coinciden con la primera migración conocida de los humanos modernos (los homo sapiens) a Europa desde África. Pero hace 40.000 años, sus primos los neandertales todavía vivían en lo que hoy es España.


Pintura rupestre, Altamira, España.

¿Artistas neandertales?

Esta investigación pone sobre la mesa “una cuestión intrigante” sobre quiénes fueron los autores de estas obras de arte, afirma el corresponsal de ciencia de la BBC, Jonathan Amos.

“Si los humanos modernos fueron los responsables (de las pinturas) significa que se implicaron en este tipo de actividades casi inmediatamente después de su llegada a Europa”, explica. Pero si, por el contrario, se comprueba que los artistas fueron los neandertales, el hallazgo “añade un nuevo elemento a nuestro conocimiento sobre sus capacidades y su sofisticación”.

Eso indicaría que el pensamiento humano, abstracto y avanzado, y probablemente también el lenguaje, surgieron cientos de miles de años antes de lo que se creía. Uno de los autores del estudio, Joao Zilaho, de la Universidad de Barcelona, considera que hay una “fuerte probabilidad de que los neandertales sean los autores”.

“Pero no diría que lo hemos comprobado porque no es así y por el momento no se puede confirmar”, sostiene Zilaho, quien aboga por seguir analizando las pinturas para tratar de encontrar otras más antiguas que apoyen esa teoría.

En estas pinturas pueden estar alguna de las claves para entender el desarrollo de la historia humana.

En ese sentido, explicó que ya hay un programa en marcha para tomar más muestras de otras cuevas en España, Portugal y otros países de Europa Occidental. “Así que finalmente lo averiguaremos”, concluyó.

Los investigadores creen que el trazar los orígenes del pensamiento abstracto y el conocimiento es vital para entender la historia humana.

Visitantes de la cueva de Altamira, en una fotografía de los años 50 del siglo pasado.

El ancestro argentino del Tiranosaurio Rex.

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Hace años que los científicos saben que las aves se originaron de los dinosaurios, específicamente de la familia de los celurosaurios, cuyo miembro más famoso es el Tiranosaurio Rex.Pero aún se sabe poco sobre las formas más primitivas de estos vertebrados. En esto reside la importancia del Bicentenaria argentino, una nueva especie de celurosaurio que fue presentado al mundo este martes en Buenos Aires.El Bicentenaria habría vivido en la Patagonia Argentina hace 90 millones de años, en el período Cretácico Superior, unos 25 millones de años antes de la aparición del temido T.Rex.Hasta ahora no se habían encontrado otros celurosaurios de ese período y por eso los expertos lo consideran uno de los “eslabones perdidos” que podría ayudar a entender la evolución de este dinosaurio.

El Museo Argentino de Ciencias Naturales (MACN) reconstruyó dos ejemplares del Bicentenaria, creados a partir de 130 huesos que fueron hallados en la sureña provincia de Río Negro.A diferencia de su gigante descendiente, el Bicentenaria era pequeño: el adulto medía entre 2,5 y3 metros. El jefe del Laboratorio de Anatomía Comparada del MACN, Fernando Novas, le dijo a BBC Mundo que este hallazgo podría ayudar a los investigadores a entender por qué los celurosaurios cambiaron de tamaño.

Jefe del Laboratorio de Anatomía Comparada del MACN, Fernando Novas

Emplumados

Por la forma de los dientes y la presencia de garras, los expertos argentinos dedujeron que el Bicentenario era un dinosaurio cazador.

También creen que esta especie tenía plumas, a pesar de que no se hallaron rastros de plumaje con los restos.

“Sabemos que el Bicentenaria era pariente de otro tipo de celurosaurio que vivió hace 130 millones de años en China. Hace poco se hallaron restos muy bien conservados de las plumas de estos dinosaurios, por lo que asumimos que el Bicentenario también tenía plumas”, explicó Novas.

¿Y por qué eligieron ese nombre tan inusual para un dinosaurio?

No fue sólo para conmemorar los dos siglos de independencia argentina, sino también para marcar los 200 años de la creación del MACN.

Yutyrannus huali.

Hallazgo fortuito

Bicentenaria argentina, una nueva especie de dinosaurio carnívoro.

Si bien el anuncio sobre esta especie desconocida de dinosaurio se dio este martes, en realidad el hallazgo de los huesos no fue nuevo. Los restos óseos fueron encontrados hace 14 años, en 1998, por un amante de la pesca que los vio por casualidad a orillas de un río y los guardó en una caja en su casa. El hombre, Raúl Spedale, dio con los huesos debido a una inusual bajante que se produjo en el lago Ramos Mexía, en Río Negro, que dejó expuestos los restos.

Recién en 2007 los huesos llegaron hasta los laboratorios de MACN, donde tardarían otros cinco años en ser identificados y catalogados. Se cree que los 130 huesos recolectados pertenecen a, por lo menos, tres ejemplares adultos y varios juveniles, lo que podría sugerir que el Bicentenaria vivía en grupos, como las aves.

No obstante, muchas de las incógnitas de los expertos quedarán sin respuesta ya que en la actualidad el sitio del hallazgo permanece bajo agua, lo cual ha impedido una excavación más exhaustiva.

Fuente: BBC / Veronica Smink