Astrobiología

Nuevos ejemplos de supervivencia de microorganismos terrestres fuera del planeta.

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En los centros espaciales se aplican medidas extremas para evitar contaminaciones, tanto en muestras de material extraterrestre traídas a la Tierra por naves, como en los vehículos que se pretende enviar a otros astros. (Foto: NASA)
En los centros espaciales se aplican medidas extremas para evitar contaminaciones, tanto en muestras de material extraterrestre traídas a la Tierra por naves, como en los vehículos que se pretende enviar a otros astros. (Foto: NASA)
Cada vez está más claro que hay microbios terrestres que si son transportados inadvertidamente a otro mundo en una nave espacial pueden ser capaces de sobrevivir en él y contaminarlo biológicamente, en el sentido de que su actividad allá puede dificultarles a los científicos determinar si una forma de vida detectada en ese astro, por ejemplo Marte, surgió de ahí o por el contrario fue introducida por los propios exploradores. Leer el resto de esta entrada »

Posibles huellas biológicas en un meteorito marciano.

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El área del meteorito con esférulas, rodeada por un círculo en rojo, ha resultado tener el doble de carbono que una (en azul) sin las esférulas. (Imagen: NASA)
El área del meteorito con esférulas, rodeada por un círculo en rojo, ha resultado tener el doble de carbono que una (en azul) sin las esférulas. (Imagen: NASA)
Los resultados de un análisis reciente de un meteorito procedente de Marte indican la posible presencia de indicios de antiguas formas de vida marciana. Este meteorito se suma así a otro del que años atrás se sacaron conclusiones parecidas. Aquel meteorito anterior, el ALH84001, fue analizado por un grupo de científicos de la NASA liderados por David McKay, Everett Gibson y Kathie Thomas-Keprta. Los resultados de su análisis, presentados en 1996, incluían la detección de minúsculas estructuras que podían haber sido obra de antiguos microorganismos marcianos. El hallazgo despertó una gran controversia. Ahora, en un nuevo estudio, Gibson, Lauren White y sus colegas han analizado las estructuras internas de un meteorito marciano de 13,7 kilogramos (30 libras), conocido como Yamato 000593 (Y000593). El equipo ha informado que las diferentes estructuras y propiedades de la composición del interior del Y000593 que se acaban de descubrir también sugieren posibles procesos biológicos activos en Marte hace cientos de millones de años. Si bien las misiones robóticas a Marte continúan arrojando luz sobre la historia del planeta, las únicas muestras de él disponibles en la Tierra son meteoritos marcianos. Leer el resto de esta entrada »

Notables alteraciones de un hongo común durante un viaje espacial.

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Jennifer Barrila, Cheryl Nickerson y Aurélie Crabbé. (Foto: Universidad Estatal de Arizona)
Jennifer Barrila, Cheryl Nickerson y Aurélie Crabbé. (Foto: Universidad Estatal de Arizona)

La ingravidez o microgravedad que se experimenta a bordo de una nave espacial no solo afecta de manera evidente a los astronautas humanos, sino también a muchos otros seres vivos. En un estudio reciente se han analizado los efectos que tuvo un viaje espacial sobre un cultivo del hongo Candida albicans. Este hongo, un microorganismo eucariota, se encuentra a menudo en suelos y en el agua, siendo también común en ambientes artificiales, incluyendo la Estación Espacial Internacional. El C. albicans es parte de la flora microbiana normal de los seres humanos, estando presente en la piel, en la cavidad bucal y en los tractos gastrointestinal, urogenital y vaginal. Aunque existe en el 80 por ciento de la población humana como un huésped silencioso, el C. albicans es un patógeno oportunista, volviéndose hostil bajo condiciones particulares, en esencia señales ambientales específicas. Esta conversión implica una transición de células unicelulares levaduriformes, a una forma pluricelular, filamentosa e invasiva.
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El mapa de la química necesaria para la existencia de vida en Europa, luna de Júpiter.

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Los científicos están casi seguros de que Europa tiene un océano bajo su superficie helada. Esta recreación artística ilustra una posible vista seccional a través de la corteza de hielo de Europa. El calor asciende desde el manto rocoso de Europa, posiblemente por medio de una sustancial actividad volcánica, y de ese modo mantiene el océano lo bastante caliente como para que conserve su estado líquido, hasta que muy arriba prevalecen el frío y el hielo. (Imagen: NASA JPL)
Los científicos están casi seguros de que Europa tiene un océano bajo su superficie helada. Esta recreación artística ilustra una posible vista seccional a través de la corteza de hielo de Europa. El calor asciende desde el manto rocoso de Europa, posiblemente por medio de una sustancial actividad volcánica, y de ese modo mantiene el océano lo bastante caliente como para que conserve su estado líquido, hasta que muy arriba prevalecen el frío y el hielo. (Imagen: NASA JPL)
Una investigación revela que el peróxido de hidrógeno abunda por gran parte de la superficie de Europa, satélite de Júpiter. Los autores del estudio argumentan que si ese peróxido de la superficie se mezcla del modo adecuado en el océano del subsuelo, podría ser una importante fuente de energía para formas simples de vida, si es que hay vida en dicho océano subterráneo.La vida, como es sabido, necesita agua líquida; elementos como carbono, nitrógeno, fósforo y azufre, y algún tipo de energía, ya sea química o lumínica, para mantener funcionando su maquinaria bioquímica. Europa tiene el agua líquida y los elementos básicos. Y además, el equipo de Kevin Hand, del Laboratorio de Propulsión a Chorro (JPL) de la NASA, en Pasadena, California, cree que compuestos como el peróxido podrían aportar buena parte de la energía requerida. La disponibilidad de oxidantes como el peróxido en la Tierra fue fundamental para el surgimiento de la vida compleja, multicelular.
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Rasgos proteicos que permiten vivir en Marte.

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Perforación en el terreno marciano efectuada por el Curiosity con su taladro. (Foto: NASA JPL / Caltech / MSSS)
Perforación en el terreno marciano efectuada por el Curiosity con su taladro. (Foto: NASA JPL / Caltech / MSSS)
Una nueva investigación revela cuáles son las características clave de las proteínas que son necesarias para que la vida exista en Marte y otros ambientes extremos. Los autores del estudio examinaron a fondo organismos que sobreviven en ambientes extremos de la Antártida. Centrando su análisis en las proteínas más importantes, encontraron diferencias sutiles pero significativas entre un conjunto de organismos ordinarios y uno de los Haloarchaea, organismos que pueden tolerar condiciones severas como salinidad elevada, desecación intensa y temperaturas extremas. Los resultados del estudio, realizado por especialistas de la Escuela de Medicina de la Universidad de Maryland, en Estados Unidos, brindan a los científicos una ventana hacia el modo bioquímico en que la vida debería estar adaptada para existir en Marte. El equipo de Shiladitya DasSarma encontró que microorganismos como el Halorubrum lacusprofundi contienen proteínas que son ácidas, con la superficie recubierta de residuos con carga negativa. Los organismos más comunes contienen proteínas que son neutras, en promedio.
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A la caza del material genético marciano.

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Región de Reull Vallis en Marte. / ESA/DLR/FU Berlin (G. Neukum)
Región de Reull Vallis en Marte. / ESA/DLR/FU Berlin (G. Neukum)
Si existiera vida en Marte es posible que fuese parecida a la de la Tierra. No por casualidad, sino porque hace cuatro mil millones de años los dos planetas intercambiaron toneladas de material en forma de meteoritos. Dos figuras mediáticas, Jonathan Rothberg y Craig Venter, son la parte más visible de los equipos que ‘compiten’ para que el siguiente viaje de la NASA al planeta rojo lleve a bordo un secuenciador de ADN y ARN. Hay varios métodos para detectar si Marte alberga vida debajo de su superficie. El ideal, sin duda, sería enviar un nutrido grupo de científicos ataviados con bata blanca, escafandras y toda clase de artilugios. Como el viaje aún es inviable, otra opción factible se perfila en el horizonte: una máquina que sea capaz de obtener material del suelo marciano, detectar el ADN o el ARN que pueda contener, secuenciarlo –leerlo– y enviar la información mediante ondas de radio de vuelta a la Tierra. Dos figuras muy mediáticas están detrás de este objetivo: Craig Venter y Jonathan Rothberg.
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Crece la atención científica al subsuelo marciano como depósito biológico potencial.

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Los minerales procedentes del subsuelo marciano presentan indicios mucho más claros de un pasado marciano apto para la vida que los minerales que llevan mucho más tiempo en la superficie.
Los minerales procedentes del subsuelo marciano presentan indicios mucho más claros de un pasado marciano apto para la vida que los minerales que llevan mucho más tiempo en la superficie.
Hasta la mitad de toda la vida en la Tierra consiste en microorganismos simples que viven ocultos en rocas del subsuelo, y desde hace algún tiempo los astrobiólogos barajan la idea de que el subsuelo marciano pudo tener en el pasado e incluso hoy en día un papel igual de importante. Ahora, esta teoría ha sido respaldada por las conclusiones de una nueva investigación, que sugieren que los ingredientes de la vida han estado presentes en el subsuelo marciano durante gran parte de la historia del Planeta Rojo.Cuando los meteoritos golpean la superficie de Marte, actúan como excavadoras naturales, sacando a la superficie piedras que estaban sepultadas a gran profundidad en el subsuelo. Investigaciones recientes han demostrado que muchas de las rocas procedentes del subsuelo marciano contienen arcillas y otros minerales cuya composición química ha sido alterada por el agua, elemento esencial para sostener la vida.
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Los escondites salinos de las bacterias del río Tinto pueden ser como los de Marte.

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Los precipitados de natrojarosita del río Tinto ocultan a los microorganismos (en verde) dentro de micronichos salinos. Imagen: F. Gómez / CAB.
Los precipitados de natrojarosita del río Tinto ocultan a los microorganismos (en verde) dentro de micronichos salinos. Imagen: F. Gómez / CAB.

Investigadores del Centro de Astrobiología han identificado los microorganismos que viven dentro de las costras de sal en el entorno ácido y ferroso del río Tinto, en Huelva. Las condiciones extremas de estas microcuevas se podrían asemejar a las de los depósitos salinos de Marte y la luna Europa de Júpiter, una posibilidad que deberán considerar las misiones que operan allí, como Curiosity.Las altas dosis de radiación, la falta de humedad, así como la temperatura y presión extremas que soporta la superficie de Marte, hacen difícil el desarrollo de la vida. Dentro de este ambiente tan hostil, los científicos buscan nichos más ‘amigables’ que pudieran guarecerla y uno de los candidatos son los depósitos salinos. Ahora un equipo del Centro de Astrobiología (CAB, INTA-CSIC) ha analizado un ambiente de este tipo en la Tierra: las costras de sal asociadas a un mineral con azufre y hierro denominado natrojarosita. Se encuentra en la cuenca del río Tinto, en Huelva, y es muy similar a otro detectado en Marte: la jarosita. Su presencia revela la existencia presente o pasada de agua.
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Cacería radial de vida extraterrestre no dio resultados.

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Se han confirmado cuatro planetas en el sistema de Gliese 581.

Los astrónomos cuentan con una nueva técnica en su arsenal para buscar otras civilizaciones inteligentes, pero el primer uso de ese nuevo método no reveló señales alienígenas. Científicos australianos recurrieron a la interferometría de muy larga base (VLBI, por sus siglas en inglés) para inspeccionar Gliese 581, una estrella que es una candidata particularmente interesante para la búsqueda de vida extraterrestre. Está ubicada a unos 20 años luz y tiene seis planetas, dos de los cuales son “supertierras” que pueden estar en su zona habitable.

En la interferometría de muy larga base se combinan las señales de varios telescopios separados para que sean, efectivamente, un gran telescopio.

Para escuchar el sistema estelar, los astrónomos en el Centro Internacional para la Investigación de la Radioastronomía, en la universidad australiana de Curtin, utilizaron una de las técnicas de mayor resolución de la radioastronomía .

Esa técnica es el VLBI, el proceso por el que se utilizan varios telescopios que están separados, combinando sus señales para que sean, efectivamente, un gran telescopio que analiza detenidamente una mínima porción del cielo.

El equipo configuró el Australian Long Baseline Array, un sistema de telescopios en ese país, para analizar la Gliese 581 durante ocho horas en busca de varias frecuencias de radio.

Australian Long Baseline Array, un sistema de telescopios en ese país, para analizar la Gliese 581 durante ocho horas en busca de varias frecuencias de radio.

¿ET o AT&T?

Seth Shostak, astrónomo principal en el instituto Seti, de Estados Unidos, dijo que la fuerza del enfoque depende de la fracción del cielo que esté examinando. “Es como si estuvieran mirando el cielo a través de un pitillo o pajilla de seis pies de largo: un pedazo minúsculo del cielo, así que sólo son sensibles a las señales que vienen de alrededor de ese sistema estelar”, le dijo a la BBC. Esto es útil no sólo para obtener una visión de alta resolución, sino para excluir las señales de tecnologías terráqueas que acosan los esfuerzos del Seti.

“Descubrir si esto es ET o ATT (refiriendose a una empresa de comunicaciones estadounidense) no siempre es fácil, y el VLBI ofrece una buena manera de discriminar, porque si uno encuentra algo de ese punto minúsculo en el cielo, uno puede decir que ese no es uno de nuestros satélites”, dijo Shostak.

Seth Shostak, astrónomo principal en el Instituto Seti.

Añadió que el resultado negativo del equipo no es descorazonador, porque las probabilidades de encontrar vida alienígena, si es que eso ocurrirá algún día, dependerán de miles o millones de observaciones de este tipo.

“El hecho de que veamos un sistema estelar y no encontremos una señal no significa que no haya vida inteligente”.

En años recientes, el interés por esas búsquedas específicas ha comenzado a crecer a medida que se cada vez se hallan más planetas fuera del Sistema Solar.

Los astrónomos calculan que cada estrella en el cielo nocturno alberga, en promedio, 1,6 planetas, con lo que implican que hay miles de millones de planetas que todavía deben ser confirmados.

Pero ya han sido identificadas varias estrellas que hospedan planetas rocosos a una distancia ni tan fría ni tan caliente para que haya agua líquida, una de las condiciones para que haya formas de vida en esos astros.

Observatorio Hat Creek usado por el Instituto SETI.

Las bacterias del Ártico ayudan a buscar vida en la luna Europa.

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Emanaciones sulfurosas amarillas en el Paso del Fiordo Borup (Canadá). Imagen: D. Gleeson.

No es fácil encontrar un lugar en la Tierra donde se unan el hielo y el azufre, como se supone que ocurre en la luna Europa, pero se ha localizado en el Paso del Fiordo Borup, en el Ártico canadiense. En este territorio las emanaciones sulfurosas de color amarillo contrastan con la nieve blanca del entorno, algo parecido a lo que muestran las imágenes del satélite de Júpiter.Ahora, investigadores de EEUU han comprobado que el azufre implicado en el ciclo de vida de microorganismos árticos muestra unas características que pueden ayudar a detectar restos biológicos en Europa. Las grandes agencias espaciales, como la NASA o la Agencia Espacial Europea (ESA), ya están preparando misiones con ese objetivo.

“Hemos encontrado que el azufre elemental (S) puede presentar unas ‘biofirmas’ morfológicas, mineralógicas y orgánicas relacionadas con la actividad bacteriana, por lo que si se encuentran en Europa nos sugerirían la posible presencia de microorganismos”, explica a SINC Damhnait Gleeson, autora principal del estudio y actualmente adscrita al Centro de Astrobiología (CAB, INTA-CSIC).

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